La literatura fantástica: reflexiones socioculturales desde lo inexplicable
“El problema de la realidad de lo que se ve: cosas extraordinarias que tal vez son alucinaciones, cosas corrientes que tal vez esconden una segunda naturaleza inquietante, misteriosa, terrible”.
— Ítalo Calvino, Cuentos fantásticos del siglo XIX
¿Qué ocurre cuando lo cotidiano se quiebra y aparece lo sobrenatural? Para Calvino, ahí nace lo fantástico: no como un mero truco narrativo, sino como la rebelión de lo inconsciente, lo reprimido, lo olvidado. Un territorio donde lo irracional nos habla de verdades profundas que la razón no alcanza a nombrar.
Hoy, en pleno siglo XXI, esa oscilación entre mundos inconciliables sigue siendo vital. Pero en nuestro contexto (CundiBoyacense), la literatura fantástica no es una moda europea importada. Es parte de nuestro habitar mítico: el Mohán, la Patasola, el duende, las guacas, los rezos y aparecidos. Esa oralidad campesina que aún late en relatos de abuelas ya es, en esencia, fantasía.
¿Por qué trabajar lo fantástico en educación literaria?
Porque la formación literaria no puede ser solo técnica gramatical. Debe abrir puertas a la imaginación reflexiva. Como dice Rodari: así como enseñamos lógica, deberíamos enseñar a imaginar con método. Y el género fantástico ofrece:Un puente entre el símbolo colectivo y la subjetividad: lo que aparece como monstruo o fantasma puede ser un conflicto interno, una memoria herida, una esperanza no dicha.
Un lenguaje disruptivo frente a la realidad hegemónica: en un mundo que impone verdades económicas y racionalistas, lo fantástico permite desobedecer la realidad para construir otras posibles.
Un rescate de mitos locales amenazados por la fantasía comercial: no es lo mismo el Mohán que un duende Disney. La industria ha secuestrado la imaginación con fábulas reencauchadas y estandarizadas (Perrault, Grimm, Andersen). Urge reinventar nuestra propia mitología con voz contemporánea.
Apunte teórico: la lección de Todorov
El gran teórico Tzvetan Todorov nos dejó una distinción clave:
- Lo extraño: lo insólito tiene explicación racional.
- Lo maravilloso: lo sobrenatural se acepta sin dudas.
- Lo fantástico puro: la vacilación. No sabemos si lo que vemos es real o ilusión. Esa duda es el corazón del género.
¿Y por qué es tan potente esa duda? Porque obliga al lector a decidir, a interpretar, a creer o dudar. Ese es un acto profundamente formativo.
Potencial cultural para Cundinamarca
En Madrid, Cundinamarca, o en cualquier pueblo de la región, la literatura fantástica puede:- Resignificar símbolos místicos locales: no para folclorizarlos, sino para actualizarlos como literatura de creación.
- Dar voz a lo que la historia oficial silencia: los miedos, las injusticias, los deseos colectivos, pueden aparecer bajo forma de aparecidos o encantos.
- Generar proyectos de investigación-creación: estudiantes escribiendo relatos donde el paisaje, la memoria y lo irreal se funden. No solo se lee fantasía, se hace fantasía.
Una invitación final
No trabajemos lo fantástico solo como entretenimiento. Tampoco como una rareza decimonónica. Acerquémonos a él como herramienta de pensamiento sensible, como espacio para sentir-pensar el mundo desde su costado inexplicable. Porque tal vez, como sugiere Calvino, lo que llamamos “realidad” es apenas una de las capas. Debajo, bulle otra verdad esperando ser narrada.
“Lo fantástico dice cosas que nos tocan de cerca”, escribió Calvino. Y en nuestra tierra, llena de montañas y leyendas, esas cosas tienen nombre propio. Solo falta escribirlas.
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