En la ciudad de los temblores, donde los paisajes te asombran por sus maravillas, calles y carreteras coloridas, edificios gigantes que parecen querer tocar el cielo y iluminar todas las zonas, hasta la mínima sombra del barrio más oscuro. Y en esa ciudad tan colorida y hermosa, había dos hermanos monstruos que eran muy amables con todos los vecinos del barrio. Los hermanos decidieron salir de viaje a un pueblo mágico, donde hay tantas leyendas y paisajes tan tranquilos y bonitos.
En el pueblo se contaba que había unas aguas termales ocultas entre árboles de bambú y césped largo y verde como un limón tierno, pero a la vez las aguas eran sospechosas por lo escondidas que estaban. Después de escuchar tantas leyendas, los hermanos decidieron explorar esas aguas misteriosas. Finalmente, encontraron las aguas del pueblo y se preguntaron: "¿Por qué estas aguas están tan escondidas si son tan hermosas, con un agua azul claro como el océano y un vapor que huele a flores y condimentos deliciosos?"
—¡Mario, Mario! Te reto a que te metas en esas aguas, o si no eres una gran gallina —dijo el hermano mayor, mientras no se aguantaba la risa.
—¡Jajaja! ¡¿Gallina yo?! ¡Jamás! Ponme a prueba y verás lo valiente que soy —respondió el hermano menor.
El hermano menor saltó a las aguas, mientras le agarraba las manos al hermano mayor. Ambos hermanos terminaron empapados de agua caliente. Al salir, se miraron y, sin darse cuenta de que ya no se parecían a monstruos normales, notaron que su piel rugosa y escamosa había desaparecido, y ahora tenían piel lisa y brillante con manchas simuladas.
—¡Aaaaaah! ¡Un demonio! —gritó el hermano mayor.
—¿Qué es esa cosa tan espantosa? —gritó el hermano menor.
Corrieron hasta cansarse, y el miedo fue desapareciendo poco a poco. Llegó la calma, y los hermanos se dieron cuenta de quiénes eran. Las aguas termales los habían transformado en seres desconocidos.
—¿Ramiro, eres tú? —preguntó el hermano menor.
—¡Hermano! ¿Qué te pasó? ¿Qué nos ocurrió? ¡Todo es tu culpa! —respondió el hermano mayor.
—¡¿Mi culpa?! ¡¿Perdón?! Mire quién lo está diciendo. Si no fuera por ti y tus bobadas de decir "gallina", todo esto no habría pasado —replicó el hermano menor.
Después de discutir, decidieron buscar una solución para volver a su estado normal. Volvieron a la ciudad de los temblores, y muchos habitantes monstruos se asustaron al verlos.
—¡Que alguien llame a la policía! —gritó el panadero mientras llamaba al número de emergencia.
La ciudad llamó a los bomberos, la policía y el ejército. Capturaron a los hermanos y les hicieron exámenes. Al final, llegaron a una conclusión: eran monstruos por dentro, pero por fuera se veían como humanos.
El gobierno decidió liberarlos porque no representaban un gran peligro. Los hermanos se dieron cuenta de que, aunque se veían diferentes, seguían siendo los mismos por dentro. Y así, poco a poco, fueron ganando el cariño de algunos habitantes de la ciudad.
Autor
Antoine PardoProyecto de creación literaria
0 Comentarios